Enlazar o no enlazar. La experiencia canadiense

Internet no es otra cosa que miles de millones de hiperenlaces, que vinculan una página con otra. De hecho, Larry Page y Sergey Brin, construyeron Google teniendo en cuenta está definición de la Red. El sistema Pagerank, que es el corazón de Google, elige las páginas más populares considerando cada enlace a una página como un voto. Las páginas más populares, las más enlazadas, son así “elegidas” entre los primeros resultados de búsqueda.

En el párrafo anterior hay cuatro enlaces y ese es el verdadero poder de la Red. Internet se construye del aporte, constante, continuo e infinitesimal de millones de seres humanos; cada uno de ellos se nutre y nutre a la Red. Y no es necesario tener un blog o colaborar con Wikipedia para participar de está gran aventura humana. Cada “retuiteo” o “me gusta” en Facebook ayuda a diseminar la opinión, los gustos y preferencias de cada usuario.

Pero no todo es un paraíso. Con la misma facilidad con que se enlaza a Wikipedia es posible enlazar a contenido que infrinja las leyes de propiedad intelectual, que difame, se entrometa en la privacidad de un tercero o viole la ley de otra manera. No hay duda que quien publicó originalmente ese contenido será responsable por violar la ley. La pregunta es si el tercero que enlaza al contenido infractor es  también responsable. Y dado que la Red no es otra cosa que miles de millones de enlaces, la respuesta es fundamental. Por ejemplo, sitios como Piratebay, Cuevana y Taringa afirman no violar derechos intelectuales de terceros porque no alojan contenido alguno en sus sitios. En el caso de Piratebay, el contenido -presuntamente infractor-, está en las computadoras de millones de sus usuarios y, en el caso de Cuevana y Taringa, en “cyberlockers” como Megaupload o Rapidshare.

La respuesta a la pregunta si el tercero que enlaza a contenido que viola la ley también es responsable, no es sencilla . Y esa dificultad se observa tanto en las leyes -o falta de leyes- de cada país y en las decisiones, a veces contradictorias, de sus Tribunales.

El Fallo

En la causa “Crookes vs. Newton” la Corte Suprema de Canadá tenía que resolver si una persona que había enlazado a contenido que difamaba a un tercero era corresponsable de ello. La Corte consideró que no hay responsabilidad solo por enlazar a contenido que difama a un tercero.

“Los hiperenlaces son, en esencia, una nota al pie…  Ambos comunican que algo existe pero no, por si mismos, comunican su contenido. Ambos, también, requieren algún acto de un tercero para poder acceder al contenido. El hecho que sea más fácil acceder al contenido con un hiperenlace que con una nota al pie no cambia su naturaleza, es neutral porque no expresa ninguna opinión ni tiene control sobre el contenido al que referencia”.

Para la Corte, la capacidad que tienen la Red para diseminar información es “una de las grandes innovaciones de la era de la información”. Y los hiperenlaces son una parte fundamental de ella porque sin ellos la Red no puede proveer acceso a la información.

Por supuesto, este caso solo resuelve la cuestión debatida en la causa, vinculada a una difamación. Pero ya hay quienes se preguntan cual será el impacto, al menos en Canadá, de esta decisión en otras áreas como por ejemplo, infracción de las leyes de propiedad intelectual.

La solución no es clara, máxime si se tiene en cuenta que, en otros países, se ha impuesto la solución contraria. Por ejemplo, en España, recientemente se han dictado dos sentencias penales que condenan a sitios que enlazaban a contenido en “Cyberlockers” (un análisis aquí). También hay que destacar que ese criterio, lejos de ser unánime en España es, en todo caso, minoritario.

Creo que la solución nunca puede ser sencilla. En general, coincido que el mero hecho de enlazar a contenido en otros sitios no debería convertir en infractor a quien enlaza. Pero me pregunto si se puede convalidar, en el caso concreto, un modelo de negocios que viole masivamente derechos de terceros y se escude en este principio aunque quienes lo explotan tengan perfecto conocimiento de esta circunstancia.

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6 respuestas a Enlazar o no enlazar. La experiencia canadiense

  1. derechoaleer dijo:

    un brindis por la corte suprema canadiense! :) muy buen post, una objecion q tengo es que dejas flotando la idea de que España seguiria una logica opuesta a canada, sin embargo los fallos que citas son la excepcion a un monton de sentencias judiciales obtenidas por David Bravo y Javier De la Cueva (y otros abogados) durante el ultimo lustro, donde se resuelve mas o menos lo mismo que el fallo canadiense, tal fue la avalancha de fallos contra los demandantes y en favor de los sitios de enlaces, que los lobbies del copyright optaron por el camino legislativo: implementar un metodo que refuerze la via administrativa y ponga en segundo plano a los jueces tan discolos con sus intereses, conocida como… la ley Sinde :P

    sobre la pregunta de convalidar un modelo de negocio, me parece q la respuesta no deberia ser judicial, sino legislativa, son cuestiones (principalemnte de regulacion economica, no penal) que no estan claramente contempladas en las leyes y se deben debatir, lamentablemente, dada la significativa influencia de los lobbies sobre los legisladores, el debate legislativo nunca arranca desde una base racional y siempre termina para peor, sin embargo al menos abre la posibilidad del debate publico sobre el tema, y creo que actualmente estamos mejor preparados que hace 5 años

    no estoy de acuerdo que se violen masivamente derechos de terceros, en todo caso ahi esta el debate, hasta donde llegan los derechos de los terceros?, cual es limite, no son infinitos! muchos nuevos medios aparecieron en apariencia violando derechos de terceros, (radio, tv por cable, discogrficas) en algunos casos las leyes cambiaron para ponerle limites y en otros casos ni siquiera (como las radios y los interpretes en USA), en fin, hasta antes de internet, la biblioteca era un limite, por ejemplo, para el derecho de autor, ningun titular de derechos podia evitar que su libro fuese libremente accesible en una biblioteca, prestado entre particulares, o revendido o canjeado en librerias de viejo, sin embargo en internet una biblioteca de libros que no esten en dominio publico directamente es un delitol!!, evidentemente hay algo que esta andando muy mal!

    • Francisco de Zavalía dijo:

      Muchas gracias por el comentario.
      Los limites del derecho de autor en relación a los “derechos digitales” (y viceversa) es un tema nunca bien discutido y menos bien resuelto en Argentina. Hace falta mucho debate y no estamos acostumbrados.
      Y tenes razón sobre lo de España. Preferí, en vez de hacer más largo el post, enlazar directamente a una fuente, que trata el fallo en su contexto con mucha más capacidad de la que yo podría.

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