El negocio de la música en el siglo XXI: los contratos 360

El vídeo pertenece a la banda Ok Go y demuestra, una vez más, que para triunfar en el negocio de la música se necesita talento, imaginación y mucha suerte. El vídeo fue un éxito y le valió a la banda un Grammy y millones de fans a lo largo y ancho del planeta.

Para triunfar hace falta talento, pero también hace falta dinero. Así lo reconoce el líder de la banda, Damian Kulash en una columna de opinión para el New York Times.

“Pasar de tocar en un club local una vez al mes a vivir de la música requiera una gran inversión de dinero en giras, grabaciones y publicidad; inversión que los músicos jóvenes no pueden afrontar”.

Hasta la revolución digital ese financiamiento lo otorgaban, principalmente, las discográficas y sus hermanas, las editoriales musicales. El negocio es básicamente el siguiente: las discográficas y editoriales musicales financian a las bandas a cambio de una porción de las regalías de sus discos. En otra nota, está vez para Planet Money, Kulash resume la función que cumplen estas empresas: ayudan a diluir el riesgo.

“Yo no disponía de 150.000, 200.000 dólares para arriesgar a que la banda funcione. Tampoco hubiera recurrido a un banco para que me otorgue un préstamo. No hubiera tomado un préstamo porque probablemente la banda hubiera fracasado”

Por cada Ok Go hay decenas -cientos- de bandas que no tienen el talento suficiente o no tienen la suerte necesaria para triunfar. Las discográficas utilizan los ingresos de las exitosas para financiar los fracasos; la diferencia, si es positiva, constituye la ganancia del inversor.

La revolución digital y los contratos 360

El negocio de las discográficas dependía de la venta de música en soporte físico. Y entonces llegó Internet y hoy, por ejemplo, en Argentina la piratería casi acabo con la venta en soporte físico. Para peor, el mercado legal y digital genera un margen pequeño de ganancias.  Con este panorama, las discográficas están en riesgo y el negocio de la música evolucionó de la venta de discos a la explotación de los conciertos y los llamados derechos subsidiarios (ancillaries en inglés), como ser merchandising, auspicios, etc.

Un contrato 360, también llamado “Multiple rights deal”, es un tipo de contrato, de largo plazo, por el cual el inversor financia el desarrollo del músico a cambio de una tajada de todos los negocios posibles (o buena parte de ellos), que pueden involucrar al músico. Existen muchas variantes. Hay bandas cuyo fuerte son las presentaciones en vivo y entonces la mira está puesta en este tipo de negocios.  Como ejemplo, Madonna firmó, en 2007 un contrato 360 no con una discográfica sino con una promotora de eventos, Livenation. Otras bandas no generan ganancias con sus presentaciones pero si pueden, por la idiosincrasia de sus músicos, generar importantes ingresos por auspicios; allí la mira estará puesta en este tipo de acuerdos.

También son variadas las formas en que se reparten los ingresos. Por ejemplo, el New York Time comenta un contrato por el cual el músico percibe un adelanto más un porcentaje de los ingresos netos, es decir una vez recuperada la inversión. En ese caso, la discográfica tiene la opción de aumentar su participación en los ingresos netos a cambio de más dinero.  Si bien los esquemas son variados, en el fondo todos los contratos de este tipo plantean el recupero de la inversión y luego compartir las ganancias en algún porcentaje. Fuera de eso, los acuerdos también contemplan quien toma las decisiones comerciales (donde tocar, que auspicios aceptar, etc) y algunas decisiones artisticas.

Los contratos 360 no son la única forma de explotar este negocio; algunos músicos, por si solos, pueden sobreponerse a Internet y prosperar gracias a ella. Pero ese modelo de negocios no es para todos y por eso los contratos 360 están aquí para quedarse.

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