Internet, fotografías y derecho de autor

Hoy todos somos fotógrafos. Por un lado, casi todos los teléfonos celulares vienen con cámara fotográficas y, por el otro, también es muy fácil publicar y distribuir las fotografías a través de servicios especializados, como Instagram y Flickr, o a través de las redes sociales.

Si todos somos fotógrafos, al menos en potencia, es lógico preguntarse si todos somos autores y, por lo tanto, si nuestras fotografías merecen ser protegidas por las leyes de propiedad intelectual. Es sabido que estas leyes exigen algo más que el esfuerzo y el trabajo de una persona para otorgarle protección a su obra. Es necesario que la obra sea original (acá un interesante análisis del tema desde la perspectiva española)

El 20 de diciembre de 2012, el Tribunal Superior de París tuvo que resolver está cuestión en la causa “Philippe G, Alexandra J. / Paul M.”.

En esta causa dos usuarios de un foro de discusión habían solicitado a ese foro que de de baja del sitio unas fotografías, que ellos mismos habían subido, amparándose en su calidad de autores de ellas.

El Tribunal analizó cada una de las fotografías y concluyó que la mayoría de ellas no estaban protegidas por la ley de derecho de autor porque no eran originales.

“Una fotografía solo cuenta con protección del derecho de autor en la medida que procede de un esfuerzo creativo y no cuando reproduce, lo más fielmente posible, un objeto preexistente”

Luego de sentar este principio, el Tribunal analizó, una por una, las fotografías en cuestión y negó la protección a aquellas que, en opinión de los jueces, no tenían mérito artístico.

En general es bastante peligroso que los jueces, que no son otra cosa que abogados, juzguen sobre el mérito artístico de una obra.  Esto es algo que el gran jurista americano, Oliver Wendell Holmes, señaló en el precedente Bleistein v. Donaldson Lithographing Co. – 188 U.S. 239 (1903):

“Sería una tarea peligrosa para personas solo entrenadas en la ley en constituirse en jueces finales del mérito de ilustraciones, fuera de los más estrictos y obvios limites. En un extremo algunas obras geniales seguramente no serían apreciadas; su misma  novedad las volvería repulsivas hasta que el público haya aprendido el nuevo lenguaje hablado por sus autores.  Es más que dudoso, por caso, que los grabados de Goya o los cuadros de Manet hubieran sido protegidos cuando aparecieron por primera vez. En el otro extremo se negaría la protección a ilustraciones que agradasen a un público menos educado que el juez. Pero si estas merecen la admiración de alguna parte del público, si tienen un valor comercial, sería muy audaz afirmar que no tienen mérito artístico y educativo: el gusto de una parte del público no puede ser tratado con desprecio”

¿Cuál sería un ejemplo de una obra que hasta un abogado podría decir con certeza que no cuenta con mérito artístico y, por tanto, no merece protección?

Un ejemplo claro es el siguiente

leonardolagioconda

Por supuesto, no me refiero al cuadro de Leonardo da Vinci, hablo de está reproducción. Un fotógrafo la tomó y he tenido la oportunidad de observar trabajar a un fotógrafo especialista en obras de arte. Ese profesional realizó un excelente trabajo, eligiendo la toma de la foto y la luz. Pero su objetivo era reproducir, lo más fielmente posible, una obra de arte creada por otro.

Otra cuestión interesante que trató el Tribunal es sobre la prueba de la autoría de aquellas fotografías que antes había decidido que sí contaban con protección. Esas fotografías habían sido subidas al foro por los demandantes usando el seudónimo que utilizaban en ese servicio.

El Tribunal determinó que eso no alcanzaba para probar que los demandantes habían sacado la fotografía, porque es común que los internautas suban fotografías de terceros, que encontraron navegando en la red.

Recuerdo algún fallo argentino, cuya cita quedará trunca, que sostuvo que en caso de fotografías, la única prueba válida era el registro ante la Dirección Nacional de Derecho de Autor (registro que está previsto en el Art. 57 de la Ley de Propiedad Intelectual).  En la actualidad, existen otros medios de prueba: todos los dispositivos fotográficos modernos graban en la “metadata” del archivo los datos de la cámara de donde se sacó, pero es imprescindible registrar las obras para pedir la protección de la ley.

En definitiva, todos somos fotógrafos pero no todos somos autores y, solo pocos, podrán probar que lo son.

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