Nuevo criterio de la Corte sobre responsabilidad por una opinión

Días atrás publiqué el comentario a una Sentencia de la Corte Suprema Argentina que, por primera vez, fallaba sobre la vigencia de la garantía de libertad de expresión en Internet. En esa oportunidad aproveché para explicar como resolvía la Corte este tipo de casos y dije que el criterio era que no existía responsabilidad civil (ni mucho menos penal) cuando una persona opinaba en forma negativa sobre un funcionario público o sobre un particular involucrado en un hecho de relevante interés público. Este criterio surgía de los precedentes “Patitó” y “Melo”, entre otros. Y también es el criterio seguido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso “Kimel”, que condenó a Argentina a indemnizar al Periodista Eduardo Kimel, que a su vez había sido condenado penalmente por expresar opiniones críticas de un funcionario público.

En la Sentencia que comenté “Sujarchuk, Ariel Bernardo C/ Warley Jorge Alberto s/ daños y perjuicios”  la Corte había seguido el mismo criterio que en “Patitó” y “Melo” y rechazó la demanda de un funcionario público al que un blog había calificado como “siniestro”. El Dictamen Fiscal, que la Corte hace propio, dijo lo siguiente en aquella ocasión:

“Las criticas efectuadas por medio de la prensa al desempeño de las funciones públicas -ha expresado el Tribunal- aun cuando se encuentren formuladas en tono agresivo, con vehemencia excesiva, con dureza o causticidad, apelando a expresiones irritantes ásperas u hostiles, y siempre que se mantengan dentro de los de la buena fe aunque  puedan oríginar desprestigio o menoscabo para el funcionario de cuyo desempeño se  trate, no deben ser sancionadas”.

La Sentencia del caso “Sujarchuk” es del 1 de agosto de 2013. Exactamente 13 días después la Corte falló sobre una demanda interpuesta por el Juez Canicoba Corral contra el ex gobernador de Santa Cruz, Sergio Acevedo. Este último, en una entrevista para Página 12, había vinculado al Juez Canicoba Corral con la famosa servilleta de Cavallo y lo calificó de “detestable”. En este caso, la mayoría sostuvo:

“Resulta claro que el término “detestable” propalado por el demandado, debe considerarse un insulto, y difiere de las opiniones, críticas, ideas o juicios de valor que podrían efectuarse respecto de un funcionario público, por lo que los precedentes alegados no son análogos al sub examine”.

Es cierto que la Corte también señala que en este caso el demandado no es un medio de prensa sino un ex gobernador de provincia y por lo tanto, para la Corte, con un mayor deber de respeto para la investidura de un magistrado, como lo era el Juez Canicoba Corral. Pero no es menos cierto que si “siniestro” es una opinión no se ve como “detestable” puede ser un insulto y vice-versa.

Este nuevo precedente va a reabrir una cuestión que parecía ya cerrada que es, justamente, que las opiniones sobre asuntos de relevante interés público o que involucran a un funcionario público no generan responsabilidad civil. Es cierto que no es fácil pretender que un funcionario público tenga una piel tan dura como para soportar cualquier crítica y hasta cualquier insulto. Pero un fallo como este desalienta la opinión libre. En adelante, aquella persona que vaya a opinar sobre un funcionario público, particularmente si es un juez, debería pensar antes de hacerlo si su opinión correría la suerte de “siniestro” o la de “detestable”.

Y en el terreno de las opiniones  estoy con el gran John Stuart Mill, especialmente si involucran a un funcionario público o a un hecho de relevante interés para el público en general.

 “La maldad especifica de silenciar una opinión es que roba a la raza humana, a la posteridad como a la presente generación; y a aquellos que disienten con ella aún mas que a aquellos que la comparten. Porque si esa opinión era correcta se nos ha privado de la oportunidad de cambiar la falsedad por la verdad. Pero si la opinión es incorrecta perdemos un beneficio casi tan importante: una percepción de la verdad aún más clara y más viva gracias a su colisión con la falsedad” (On Liberty)

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