Extracto sobre la historia del derecho de autor

Extracto del libro “Ideas: A History of Thought and Invention, from Fire to Freud” de Peter Watson:

En los primeros días de la imprenta los imprenteros no pagaban a los autores por sus manuscritos. Los autores recibían algunas copias gratis de sus libros, que podían enviar a ricos mecenas con la esperanza de recibir algún pago por ese camino… Otros autores acordaban comprar una cantidad determinada de copias a sus imprenteros, como un autor de nombre Serianus que en 1572 acordó comprar 186 copias, de un total de 300, de su “Commentarii in Levitici Librum”. Para fines del siglo XVI y principios del siglo XVII, sin embargo, ya había sido adoptada la practica moderna de que los autores vendan sus manuscritos a los editores. A medida que la practica de la lectura se hacía más mundana, y se vendían más copias de libros los adelantos por regalías se hicieron más importantes y, para el siglo XVII, podían ser considerables (En Francia ya alcanzaban en algunos casos las decenas de miles de francos).

El tamaño de las ediciones era chico para los estándares modernos, un par de cientos de copias, en algunos casos. Las ediciones de la Biblia podían llegar a los 1000 ejemplares, pero estás eran ediciones grandes y los editores que se arriesgaban muchas veces pasaban dificultades económicas. A medida que la tecnología mejoraba, el costo de producir libros fue cayendo y se volvió mas seguro publicar más copias – para finales del siglo XVI ediciones de 2000 ejemplares y más ya eran comunes. La Grámatica Griega de Nicolás Clénard, 1564, y su edición del “Corpus Iuris Civiles”, publicada durante los años 1566 y 1567, fueron lanzadas en ediciones de 2500 ejemplares. Algunas biblias en Holanda se lanzaban en ediciones de 3000 a 4000 ejemplares.

La ausencia de leyes de derecho de autor, durante los primeros años, hizo que ediciones pirata florecieran. Los intentos de reyes y parlamentos para parar está práctica solo lograron que pasara a la clandestinidad.

Esto empeoró por los intentos de censurar libros que comenzó en el siglo XV y terminó en el siglo XVIII. Tan temprano como 1475 la Universidad de Colonia recibió una autorización del Papa para censurar imprenteros, editores y aún lectores de los libros “condenados”. Muchos obispos intentaron ejercer este poder. En 1501 el Papa Alejandro VI publicó la bula “Inter Multiplices”, que prohibió imprimir en Alemania libros sin el permiso de las autoridades eclesiásticas. En el Quinto Concilio de Letrán este poder se extendió para toda la Cristiandad y quedó bajo la autoridad de la Congregación para la Doctrina de la Fe y del Inquisidor General. La censura, por supuesto, solo hace más atractivos los libros censurados, por lo menos para cierta clase de personas. En el siglo XVI hubo un rápido incremento de libros prohibidos, por lo que fue necesario crear el Index Librorum Prohibitorum, que constantemente tenía que ser actualizado. La primera lista de libros prohíbidos para la Iglesia Católica fue publicada en el año 1559 por el Papa Paulo IV y si bien fue tomada con seriedad, pronto quedó claro que en muchos lugares (como Florencia, no muy lejos de Roma), si se lo implementaba del todo iba a destruir la naciente industria editorial. Por ejemplo, los delegados de la Inquisición en Florencia acordaron que aquellos libros requeridos por abogados, médicos y filósofos estarían exentos. Los franceses intentaron un sistema distinto: cada libro requería una licencia del rey con anterioridad a su publicación. Esto también llevó a la industria a la clandestinidad porque la mayoría de los editores incumplían la ley y los libros “prohibidos”   circulaban más o menos en todas partes con facilidad”.

En otra ocasión conté que mi bisabuelo, Sisto Terán, fue filósofo y teólogo. El Index fue instituido por el Papa Pablo IV en el año 1599 y fue recién abolido en el año 1966 por el Papa Paulo VI. El Index prohibía, por supuesto, autores como Lutero o Calvino pero también Rousseau, Montaigne, Descartes y varios afamados autores más populares como Victor Hugo o Alejandro Dumas. Es obvio que al final de sus años el Index ya no fue respetado y se mantuvo como costumbre. Uno de los que lo respetaba era mi bisabuelo que, por su trabajo, tenía que leer estos autores profanos pero que pedía autorización para hacerlo. Mi abuela trabajó como secretaria de mi bisabuelo y conocía los autores del Index a la perfección así que cuando me encontraba de chico leyendo “Los Tres Mosqueteros” me decía: “Ese libro está en el Index”

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s